Proyecto fotográfico

Cuando me mudé a Panamá no conocía esta ciudad, no conocía a casi nadie, nunca había estado y por un tiempo se quedó ahí como un lugar en el que vivía, trabajaba y nada más.

Luego empezó a atravesarme. No sé cómo explicarlo mejor que así. Las personas, sobre todo. La manera en que aquí vidas completamente distintas se mezclan, de una forma que en Italia nunca había visto.

De ahí surgió este proyecto fotográfico. O quizás el proyecto surgió de mí y Panamá fue solo la excusa.

Siempre he fotografiado, la fotografía es mi lenguaje principal. Trabajé durante años en el mundo de la moda y me enseñó muchísimo, pero también me enseñó una cierta idea de perfección que después de un tiempo pesa. Todo controlado, todo construido, todo impecable. Aquí empecé a sentir la necesidad de soltar eso. No sé si fue Panamá o fui yo, probablemente las dos cosas.

Ahora fotografío personas, no en estudio, no con un esquema de luces, no con una idea precisa de cómo tienen que salir. Las fotografío en sus espacios, una cocina, una terraza, cualquier habitación en la que se sientan a gusto, en la que el cuerpo recuerda cómo estar sin hacer nada en particular. Yo a estos lugares los llamo espacios sagrados, que quizás parece una palabra grande pero es la única que encaja.

Panamá me volvió a acercar a la parte más verdadera e introspectiva de mí. Me enseñó a bajar el ritmo, a escuchar, a sentir el valor de los encuentros humanos auténticos.

Ciertas personas me entran por la mirada y llegan a tocar mi sensibilidad. No sé por qué pasa con algunas y con otras no, no es una cuestión estética, es algo que no se decide. Y de ahí nace la fotografía. De un intercambio que es silencioso y un poco difícil de explicar, de un tiempo compartido sin prisa, de ese momento en que alguien deja de preguntarse cómo está saliendo y se olvida de que hay una cámara.

No busco historias extraordinarias, busco eso. Si te reconoces en algo de lo que leíste, podemos hablar.

Un saludo, Giulia